|
El director Edward Zwick hace realidad su sueño de toda una vida
con El último samurai
Aunque el rodaje de El último samurai comenzó oficialmente en
octubre de 2002, el director Edward Zwick ha estado fascinado desde hace mucho
tiempo por la cultura y el cine japoneses. En cierto sentido, ha estado imaginando
El último samurai desde que era adolescente.
"Vi por primera vez Los siete samurais de Akira Kurosawa cuando tenía
17 años y desde entonces la he visto más veces de las que puedo
recordar", reconoce. "En esa película concreta está
todo lo que un director necesita aprender sobre cómo contar una historia,
sobre el desarrollo de los personajes, sobre cómo rodar escenas de acción
y cómo dramatizar un tema. Después de verla me dispuse a estudiar
todas y cada una de sus películas. Aunque no podía saberlo entonces,
me marcó el camino para convertirme en director de cine".
A Zwick, que estudió historia durante mucho tiempo, el período
conocido como la restauración Meiji le parecía especialmente atractivo.
El final del dominio del viejo shogunado dio lugar al primer encuentro significativo
de Japón con Occidente después de un aislamiento voluntario de
200 años.
"Sobre todo", dice Zwick, "fue una época de transición.
En todas las culturas, ese momento de cambio de lo antiguo a lo moderno es especialmente
doloroso y dramático. Es también extraordinariamente visual. Cada
imagen, cada paisaje, cada habitación cuenta la historia, la yuxtaposición
de lo viejo y lo nuevo. Un hombre con bombín pasea al lado de una mujer
vestida con kimono. Un hombre que dispara un rifle de repetición se enfrenta
a otro que empuña una espada".
Zwick, cuyo largometraje Shakespeare enamorado consiguió el Oscar a la
mejor película, conoce bastante bien las historias que transcurren en
ese período. Sus películas Tiempos de gloria y Leyendas de pasión
transcurrían a finales del siglo XIX. "Me siento atraído,
una y otra vez, por ese momento histórico", dice. "Hay algo
conmovedor, incluso hipnótico, en el hecho de observar a un personaje
experimentar una transformación personal en un momento en que toda la
cultura que le rodea está asimismo sumida en el caos".
Tom Cruise, nominado varias veces al Oscar, y elegido para interpretar al obsesionado
capitán Algren, comparte el interés de Zwick y su admiración
por el espíritu japonés, en concreto el de los samurais. Al igual
que Zwick, descubrió a Kurosawa y el cine japonés cuando era adolescente,
y reconoce haber tenido siempre "un profundo respeto y una gran sensibilidad
hacia la cultura y el pueblo japoneses, hacia la elegancia y la belleza de los
samurais, hacia su espíritu del bushido que enseña a tener fuerza,
compasión e intensa lealtad, y hacia su compromiso en cumplir su palabra
y la decisión de dar su vida por lo que ellos creen justo. Se trata esencialmente
de asumir la responsabilidad de lo que haces y dices, cualesquiera que puedan
ser las repercusiones. Más que un código para los guerreros samurais,
es una manera firme de vivir la vida - cualquier vida. Era algo a lo que no
podía resistirme. Cuando Ed se reunió por primera vez conmigo
para hablar de ella, supe que tenía que hacer esta película. Me
siento fuertemente conectado con su tema, así como con los personajes
de la historia".
Cruise, que es también uno de los productores de El último samurai,
dice que la naturaleza épica de la historia, además del arco emocional
y filosófico de Algren y la oportunidad de trabajar con Edward Zwick
y Marshall Herskovitz, eran unos incentivos muy tentadores. "Esta película
tiene de todo", dice. "La aventura y el viaje del personaje, el mundo
en el que se adentra y la gente que conoce - es una historia rica, difícil
y realmente fascinante. Desde el punto de vista de la producción, es
la más ambiciosa de todas las que he hecho en mi carrera: es física,
es dramática, es romántica y es filosófica".
"Francamente", continúa diciendo, "lo que también
me atrajo fue que los tres compartiésemos un entusiasmo tal por el tema.
Cuando hablé por primera vez con Ed, estaba muy apasionado y entusiasmado
con él; era como un chaval de 15 años, saltando por la habitación,
describiendo las escenas con las manos. Y mantuvo esa pasión a lo largo
de toda la producción",
Las películas de Zwick han explorado a menudo las complejidades de la
guerra y el honor. Llevar al cine las diferencias y los puntos en común
que tienen un soldado occidental y un guerrero samurai, era algo irresistible.
"Primero en la facultad y luego durante años, leí mucho sobre
historia japonesa", cuenta Zwick. "Me emocionó profundamente
"The Nobility of Failure" de Ivan Morris, que cuenta la historia de
Saigo Takamori, una de las figuras más famosas de Japón, que primero
ayudó a crear el nuevo gobierno y luego se rebeló contra él.
Su hermosa y trágica vida supuso el punto de partida para nuestra historia
de ficción".
El cambio del Japón feudal a una sociedad más moderna supuso la
desaparición de ciertas costumbres y valores "arcaicos" personificados
por los samurais. Durante muchos años, éstos ocuparon un puesto
muy respetado en el orden social. Al igual que los caballeros ingleses, los
soldados samurais protegían a los señores, o, en este caso, al
shogunado, al que habían jurado lealtad. Al igual que los caballeros
respetaban y defendían su sistema de caballería, los samurais
vivían de acuerdo con un código llamado bushido, "la conducta
del guerrero", que ponía de relieve, entre otras cosas, la lealtad,
el valor, la fortaleza y el sacrificio.
En contraste con las modernas armas que Occidente ofrecía ahora a Japón,
los samurais parecían anacrónicos respecto a los defensores del
progreso. Esta nueva pasión por todo lo moderno no dejaba sitio a los
samurais con sus legendarias espadas y sus anticuadas nociones del honor, ejemplificadas
aquí por su último líder, Katsumoto (interpretado por Ken
Watanabe) y sus pocos y leales guerreros. El reto de Katsumoto es mantener sus
principios personales en una sociedad que ya no los valora. Su lucha, especialmente
en combinación con el viaje espiritual que emprende Algren a su pesar,
atrajo a Zwick.
"Los valores básicos de la cultura samurai siempre me han parecido
admirables y válidos", explica, "en concreto, la creencia de
que la violencia y la compasión van juntas y que la poesía, la
belleza y el arte son parte de la formación de un guerrero del mismo
modo que la destreza en el manejo de la espada o la fuerza física. También
me interesa la inesperada posibilidad de renacimiento espiritual que llega a
esas vidas para quienes parecía que tenían menos posibilidades".
Hablando de su deseo de combinar estos elementos en El último samurai,
dice, "Nuestra historia es una aventura romántica en el más
amplio sentido de la palabra y, al mismo tiempo, una odisea muy personal. El
reto es crear una historia en la que las relaciones rivalicen con el contexto
más amplio, el paisaje interior resonando contra la trama épica.
"El personaje de Katsumoto me resulta tan fascinante como el de Algren",
continúa diciendo Zwick. "Personalmente, me identifico con su dilema
y veo como es aplicable a otros muchos aspectos de la vida moderna".
Del mismo modo que el código de los samurais es vívidamente expresado
por Katsumoto y sus hermanos, también es evidente en la hermana de Katsumoto,
la joven viuda de guerra Taka, que se encuentra con Algren en medio de las circunstancias
más amargas. Taka, interpretada por la actriz japonesa Koyuki, se comporta
con una compostura tan estricta que el extraño americano no sospecha
las complejas y poderosas emociones que ella siente hacia él hasta que
se da cuenta de que es tan samurai como homólogos masculinos.
La productora Paula Wagner, que, junto con Cruise, dirige Cruise/Wagner Productions,
comenta que el entusiasmo de Cruise for la película y su intensa conexión
y colaboración con Zwick y Herskovitz tiene mucho que ver con la excepcional
y ferviente visión que tiene Zwick del proyecto y del personaje del capitán
Nathan Algren. "Ed fue capaz de combinar el empuje épico y la acción
de la historia con el viaje íntimo y heroico de este poderoso personaje",
dice. Añade que la complejidad de la película atrajo a Cruise/Wagner
Productions, que ha desarrollado y producido una variada serie de películas,
comentando que, "Esta película funciona a muchos niveles. El último
samurai ofrece personajes interesantes y complejos, grandes escenas de acción
y aventuras y, en concreto en el capitán Algren, una persona que recorre
una gran distancia, literal y figuradamente, para encontrarse a sí mismo
y a sus valores".
La película tuvo su origen en un proyecto que tenía Radar Pictures
a principios de los años 90 sobre un norteamericano que viaja a Japón
en una época similar. "Nos llamaron la atención los paralelismos
entre la dominación del Oeste americano y la occidentalización
del Japón tradicional", explica Scott Kroopf de Radar Pictures,
"y supimos que había una historia que contar sobre el modo en que
la modernización empequeñecía a estas dos culturas tan
enormemente distintas".
"Contratamos a Ed Zwick", dice Tom Engelman, que también trabajaba
en Radar Pictures en aquel momento, "al que yo conocía desde hacía
años como amigo y vecino. Era sin duda la persona ideal para hacerlo,
por su obra y por su interés en acercarse a los héroes del Oeste
americano desde una perspectiva totalmente nueva". Más tarde, continúa
diciendo Kroopf, "Ed sugirió contratar a John Logan y resultó
que John, al igual que Ed, era un estudioso de la caída de los samurais.
Al final, nuestra paciencia con el proyecto fue recompensada no sólo
por el magnífico guión sino también por la increíble
habilidad de Ed al poner en marcha la película".
Zwick y Logan, el guionista de Gladiator (El gladiador) nominado al Oscar, coincidieron
en que la revuelta de los samurais de 1876-1877 sería un punto de referencia
histórica para la película apasionante y provocador. "Desarrollar
al protagonista con Ed", recuerda Logan, "fue uno de los elementos
más difíciles de la historia. A medida que trabajábamos,
el personaje del capitán Algren surgía como una figura realmente
atormentada; un hombre que ha perdido su fe. Ed, Marshall y yo queríamos
que fuese una figura muy vulnerable, no un típico héroe de película.
Intentamos que fuese un alma perdida, buscando su camino. Sólo a través
de su interacción con los samurais y su creciente respeto por su código
guerrero encuentra su auténtico lugar en el mundo".
Herskovitz, que pronto se unió al equipo de guionistas, añade
que, si bien la historia y los personajes son totalmente ficticios, los realizadores
se esforzaron mucho en conseguir un nivel general de autenticidad en todos los
aspectos, "una fiel evocación de ese período de la historia
japonesa y de los principios y valores de los samurais. Tratamos de ser fieles
y respetuosos. Consultamos a expertos, establecimos contactos con académicos
y guionistas de Japón y contamos con la colaboración de muchos
especialistas y personal japoneses como parte de la producción. Queríamos
hacerlo bien".
En cuanto a los temas que aparecen en El último samurai, Herskovitz cree
que no sólo son genuinos sino también intemporales. "La historia
de un individuo que debe aceptar la pérdida del honor y del yo, y su
posterior viaje para recuperar ese honor, para confiar de nuevo en sí
mismo para tomar las decisiones correctas, es aplicable a cualquier época
histórica pero sin duda alguna al momento actual, en que estamos rodeados
por los compromisos de la vida moderna".
A medida que transcurre El último samurai, los espectadores experimentan
la turbulencia física, emocional y espiritual de esta exótica
y contradictoria época a través del capitán Algren. Zwick
dice, "Cuando él lo descubre, tú también lo haces;
cuando él se siente conmovido por ello, tú también".
|
|
La investigación y la acción se dan la mano
A Zwick and Herskovitz, que trabajan juntos como guionistas y productores desde
hace tiempo y que han colaborado con éxito durante años en series
de televisión y películas galardonadas con varios premios, les
encantó encontrar en Tom Cruise un compañero de equipo con el
mismo espíritu para hacer El último samurai.
Herskovitz dice, "Tom se metió de lleno en la preparación.
Nunca he visto a un actor documentarse tanto para una película. Tenía
todo un archivo de información y fue increíblemente útil.
Ed y yo siempre nos hemos retado el uno al otro, ésa es la base de nuestra
relación creativa, pero es raro para nosotros que alguien distinto nos
estimule de un modo similar. Tom se convirtió en parte de nuestra asociación
creativa, que ha sido increíblemente agradable y gratificante. Tiene
una actitud muy positiva y sus ideas son siempre sensatas y a menudo inspiradas.
Nos apremiaba continuamente dándonos su apoyo mientras trabajábamos
en el guión y esa actitud continuó a lo largo de toda la producción".
Parte de la preparación del actor supuso meses de riguroso entrenamiento
para las escenas en las que había combates mano a mano, equitación
y esgrima con dos espadas, lo que llevó a Herskovitz a atestiguar, "Trabajó
durante varias horas todos los días durante casi un año con una
dedicación y una disciplina que era totalmente samurai. Puede manejar
las dos espadas maravillosamente y es un magnífico jinete".
"Trabajé durante ocho meses para ponerme en forma para esta película",
confiesa el actor. "Aprendí kendo [manejo de la espada al estilo
japonés], artes marciales japonesas y el manejo de todo tipo de armas.
No sólo tenía que montar a caballo, sino que también tenía
que luchar mientras cabalgaba. Estudié japonés. En lo que se refiere
a la preparación, he hecho de todo".
Cruise, que tiene fama de ser un actor muy centrado y entregado, continuó
su investigación y su preparación durante toda la producción.
Zwick le dio varios libros sobre historia y cultura japonesas para ampliar la
cada vez mayor biblioteca del actor, y entre tomas no era raro encontrarlo leyendo
un volumen como el clásico libro sobre la Guerra de Secesión The
Killer Angels.
Cruise llegaba normalmente al rodaje dos horas antes que el resto del reparto
y del equipo técnico para poner a punto su destreza física. Su
dedicación valió la pena porque le permitió interpretar
todas sus acrobacias, desde varias noches luchando con dos espadas contra múltiples
oponentes y cinco días y una noche rechazando a peligrosos intrusos ninjas,
hasta semanas de instrucción en artes marciales frente a sus compañeros
de reparto japoneses y, finalmente, dos meses de incesantes secuencias de batallas.
"Al principio me preocupaba conseguir realismo en las escenas de lucha",
dice Cruise, comentando que, si bien tenía un alto nivel de forma física
cuando llegó a la película, no estaba familiarizado con los rigores
específicos de las artes marciales de los samurais. El centrarse en la
flexibilidad y bajar gradualmente su centro de gravedad con ejercicios diarios
le permitió ejecutar los movimientos naturalmente fluidos "sin rigidez".
De hecho, después, Cruise mencionó que incluso su respiración
se había vuelto más profunda y que tenía "una conciencia
más clara, del espíritu sobre el cuerpo", a lo que él
atribuye, al menos en parte, el haber podido llevar a cabo algunas de las más
intensas escenas de batalla sin sufrir ninguna herida.
A veces, observando la entrega de su protagonista, Zwick se preguntaba si estaba
esperando demasiado. "Pensaba, '¿qué estoy haciendo?'",
dice. "Aquí tengo a Tom boca abajo en el barro, apartando la mierda,
o estamos haciendo toma tras toma en las que auténticas espadas de aluminio
están blandiéndose por delante de su cara a una velocidad increíble
y pienso que tal vez le estoy sometiendo a un riesgo demasiado grande. Pero
siempre decía, 'dame tiempo y la preparación adecuada y dime qué
quieres que haga, y lo haré'".
Hay que reconocer que Cruise, un atleta por naturaleza y un entusiasta de los
deportes en todos los sentidos, estaba deseando hacer frente a los retos físicos
de su personaje. En un acierto de planificación, antes de embarcarse
en sus noches de combate con dos espadas, Cruise dividía el día
de rodaje empezando con escenas de mucha carga emocional entre Algren y sus
captores japoneses. Esta combinación de emoción y acción
recordaba la propia bifurcación de Algren, un hombre concienzudo y en
conflicto, luchando por recuperar su honor, pero también un soldado impasible,
estratega y mortalmente eficaz. Si bien los profundos y complejos matices emocionales
de Algren intrigaban a Cruise, después de terminar esas escenas se iba
literalmente corriendo y feliz a los siguientes escenarios, ansioso por empezar
sus secuencias de luchas samurais. "He querido hacer esto desde que era
un niño", anunció la primera noche, y no defraudó.
Los paralelismos entre la experiencia de Algren en el campamento samurai y la
preparación de Cruise para el papel no pasaron desapercibidos en la compañía.
"La preparación que hizo Tom no fue simplemente la de un actor preparándose
para hacer acrobacias para una película", explica Zwick. "Hay
una correspondencia muy significativa entre la preparación en artes marciales
y la dedicación filosófica que Algren consigue como prisionero
de los samurais y el tipo de preparación que Tom estaba experimentando
tanto a nivel mental como físico. Se estaba preparando para el papel
en sí, no sólo para las acrobacias o las escenas de lucha".
Cruise está de acuerdo, añadiendo que, "Empecé a sentirme
como Algren en la aldea, tuve una sensación del tipo de transformación
emocional y física que él estaba experimentando".
También para Ken Watanabe trabajar en El último samurai supuso
una considerable cantidad de introspección, a pesar de que la película
le colocaba en un terreno en cierto modo familiar. Su carrera en el cine japonés
incluye papeles en varios dramas históricos, entre ellos la popular serie
de la NHK sobre samurais Dokuganryu Masamune y la película Bakumatsu
Junjyo Den, que transcurre durante los días de declive del shogunado
Tokugawa cuando dominaban los samurais. Incluso así, Watanabe confiesa
que trabajar en El último samurai le animó a examinar más
detenidamente sus propios sentimientos sobre la famosa clase guerrera de su
país y que fue en parte la pasión de Zwick por el tema lo que
en última instancia le ayudó a comprender a Katsumoto y a dar
vida al guerrero samurai.
"Al principio me resultaba difícil comprender al personaje",
dice. "¿Qué quiere? ¿Qué piensa? Es cierto
que, tradicionalmente, hay belleza en la muerte pero, para mí, morir
no es necesariamente una virtud, por lo que al principió me resultó
difícil aceptar la idea. Como samurai y como líder de su gente,
Katsumoto tiene una manera muy concreta de vivir y de morir, pero yo no podía
dejar de preguntarme, ¿qué derecho tiene a llevar a su gente,
a los aldeanos y a la gente que le rodea hacia una muerte segura con él?
¿cómo podría justificarse y permitirse eso? Al principio
era un dilema para mí, hasta que me di cuenta de que para Katsumoto lo
que importaba no era que se tratase de una cuestión de vida o muerte,
sino una cuestión de honor".
Al igual que Cruise, Watanabe se preparó a fondo y realizó la
mayor parte de sus acrobacias. "Katsumoto siempre lleva dos espadas",
dice, "por lo que tuve que aprender a utilizarlas de manera simultánea.
Queríamos que todo diera una impresión de realismo, incluidas
las luchas. Fue duro, pero la motivación era fuerte. Antes de rodar cada
escena de batalla tenía que gritar a más que 500 soldados. Grité
tantas veces que perdí la voz".
"Era un papel complejo y Ken realizó una interpretación profundamente
emotiva, con humor y con una gran elegancia", responde Zwick. "No
me puedo imaginar la película sin él".
Como contrapunto a las extraordinarias secuencias de acción de la película,
El último samurai ofrece una serie de escenas aparentemente tranquilas.
En sus primeros días como prisionero de Katsumoto en la aldea samurai,
en sus silenciosos pero intensos contactos con Katsumoto y los otros samurais,
Algren se ve obligado a comunicarse sin hablar en circunstancias en que las
palabras son imposibles - y, en última instancia, innecesarias.
Tal como señala Zwick, la ausencia de diálogo con sentido no disminuye
la profundidad de esos encuentros. "Las escenas en las que Algren está
conociendo a Taka, la mujer que cuida de él todos los días y que
no dice una palabra, tienen mucha fuerza. Son dos personas forzadas a compartir
sus respectivas vidas y a pesar de eso hay barreras entre ellos - las circunstancias,
las limitaciones obvias debido a la diferencia de culturas y, por supuesto,
el idioma. Hay muchos obstáculos para que entren en contacto, pero lo
hacen. Para mí es un auténtico placer ver lo mucho que Koyuki
es capaz de transmitir con su mirada, sus gestos y su porte, y lo mucho que
Algren comprende. Es casi como una interpretación de cine mudo".
El empeño del director en explorar el drama interno de sus personajes
tal vez quede mejor descrito en sus primeros consejos a Watanabe en una escena
en la que estaban intentando "entrar en la mente de Katsumoto", según
recuerda el actor. "Antes de rodar, Ed me dijo, 'Tienes que sentir todo
- la hoguera, el sonido de los insectos, el viento, la temperatura. Es una noche
fría. Escucha el movimiento de los caballos. La respiración de
Tom'. Y todo eso para una escena en la que yo no tenía diálogo.
En cierto sentido, era más un consejo para vivir que para interpretar,
lo cual es un buen ejemplo del espíritu del bushido. El bushido es como
respirar, ser conscientes de nuestro contacto con la naturaleza y con todo.
Los samurais no hablan de ello, simplemente lo viven".
De hecho, el propio trabajo de Zwick en la película a menudo entraba
en el terreno de una interpretación de cine mudo cuando trataba de transmitir
sus instrucciones a través de una barrera lingüística siempre
presente mientras rodaba en Japón y más tarde en Nueva Zelanda
con cientos de extras y miembros del equipo japoneses. "Cuando observas
la magnitud de la película, y piensas en lo importante que es cada interpretación,
en que cada momento es importante para el todo, te quedas asombrado", dice
Cruise, "por la habilidad de Ed para comunicarse de manera eficaz como
director con gente que puede que no hablase ni una palabra de inglés
y aún así conseguir la interpretación que quería".
A nivel logístico, el director se enfrentó a numerosos retos,
que acabó por tomarse con calma, reconociendo la magnitud de la película,
su naturaleza intercultural y la cantidad de tomas en exteriores. "Simplemente
pensando en las secuencias de batalla", dice, "me acuerdo que pensaba,
'¿cuántos hombres vamos a necesitar en esta escena?' y me daba
cuenta de repente de la enormidad que suponía organizar todo aquello.
No sólo necesitamos a esos hombres, sino que tienen que ser buenos actores,
eficaces ante la cámara, y además estar preparados para pelear,
estar preparados en artes marciales. ¿Cuántos traductores necesitaremos?"
Lo que felizmente descubrió fue que "muchos de los extras que encontramos
ya tenían algún tipo de preparación en artes marciales
y estaban dispuestos a demostrar esas habilidades. Hace mucho tiempo que no
se ven en cine luchas al estilo japonés. Las artes marciales chinas han
aparecido en muchas películas populares en los últimos años,
e incluso en el tipo de trabajo con cables que han inspirado, pero las disciplinas
practicadas tradicionalmente en Japón tienen su propia brillantez. En
cierto sentido, muchos de los actores se veían como embajadores, capaces
de mostrar ese estilo a los espectadores de todo el mundo. Estaban entusiasmados
de formar parte de esto y nosotros estuvimos inmensamente agradecidos de contar
con ellos".
|
|
Un reparto internacional
"Confiamos, mientras se escribía el guión, en que encontraríamos
a los actores japoneses para interpretar tantos papeles principales", dice
Herskovitz. "Encontrar al actor adecuado es siempre algo milagroso, pero
cuando encuentras a varios actores adecuados, lo es aún más. Ken
Watanabe es increíblemente carismático; en su rostro se ve fuerza,
compasión, humor y tristeza. Koyuki, que interpreta a Taka, la hermana
de Katsumoto, aportó la seriedad necesaria para transmitir el sentido
de responsabilidad y los dilemas a los que se enfrenta su personaje. Hiroyuki
Sanada, que interpreta a Ujio, es un actor muy famoso en Japón. En alguien
con menos talento su papel se habría visto simplemente como el del antagonista
pero, gracias a su interpretación, se ha vuelto más matizado.
Es como si hubiésemos encontrado el 'Dream Team'".
Para Cruise, la relación con los actores japoneses le ayudó a
dar vida a algunos de los textos que había estado estudiando. "Cuando
hablas con la gente sobre su cultura y te introducen en ella, te dan su propia
visión personal de la historia", reconoce, "eso supera a cualquier
cosa que puedas leer en un libro".
El constante espíritu de compañerismo de Cruise marcó la
pauta de la producción, y fue lo primero que Ken Watanabe apreció
del actor norteamericano en su primera reunión. "Hicimos los primeros
ensayos en Los Angeles y para mí podría haber sido algo abrumador,
pero Ed, Marshall y Tom hicieron que resultase fácil", recuerda
Watanabe. "Fue una especie de ensayo teatral; improvisamos mucho, exploramos
el modo en que vivían Katsumoto y Algren y la evolución de su
relación. Yo vengo del teatro, por lo que fue una manera de empezar muy
tranquilizadora. Además, no es habitual que en las películas japonesas
pueda contribuir a desarrollar el personaje en ese tipo de atmósfera
creativa. En lo que se refiere a su famoso colega, Watanabe dice afectuosamente,
"¡Qué tipo tan agradable! Venía a esos primeros ensayos
en vaqueros y camiseta y contribuía a crear un ambiente muy abierto y
relajado. Su actitud era la de 'hagamos una gran película juntos'".
El vínculo que enseguida se creó entre Watanabe y Cruise resultó
útil en posteriores escenas en las que, tal como señala Zwick,
"Tenían que confiar uno en el otro porque estaban blandiendo espadas
a unos centímetros de sus respectivas caras - auténticas espadas
de aluminio". Tal como lo dice Watanabe bromeando, "La coordinación
tenía que ser perfecta; un fallo y sería el final de la película".
Comentando sobre el toma y daca que desarrollaron los dos actores, tanto a nivel
físico como mental, Zwick recalca lo importante que era para la historia
que Katsumoto demostrase ser un formidable oponente para Algren, "ser su
rival y su igual en todos los aspectos. Sin ese equilibrio, la película
habría decaído y flaqueado".
Herskovitz coincide con eso, diciendo que, "Si no tienes un gran Katsumoto,
no tienes película. A pesar de la fuerza que tiene Tom como el capitán
Algren, necesita tener a alguien frente al que interpretar su papel. Al principio
estábamos un poco preocupados respecto a la elección del actor
para ese papel y buscamos bastante antes de encontrarnos con Ken Watanabe. Cuando
lo conocimos supimos en el acto que era él. No fue sólo su mirada,
sino también su actitud, su porte y su carisma".
Watanabe disfrutó especialmente de la confluencia entre Oriente y Occidente
que propiciaba la producción, tanto delante como detrás de la
cámara. "Era interesante", dice, "la yuxtaposición
de Japón y Occidente implicados a nivel histórico y también
literario, en lo que respecta a esta película - un director y unos actores
norteamericanos con actores y miembros del equipo técnico japoneses.
Aprendimos mucho unos de los otros".
De hecho, una serie de profesionales japoneses muy preparados y con unas credenciales
impresionantes ocuparon puestos clave detrás de las cámaras. "Hay
gente en el equipo técnico que ha dedicado toda su vida a la presentación
y celebración de la cultura samurai", dice Zwick. "En Japón
hay toda una industria cinematográfica basada en las películas
de samurais y algunos de los miembros de nuestro equipo de producción
incluso trabajaron con Kurosawa. Aportan lo que han estudiado e investigado
durante toda su vida como artistas, encargados de atrezo, decoradores, encargados
de vestuario o actores. No es que estemos tratando de imitar una de las películas
japonesas de samurais; estamos tratando de hacer algo que sea esencialmente
nuestro, y sin embargo es muy importante sentirse inmerso en esa tradición".
Hiroyuki Sanada atestigua que tanto a él como a sus colegas les impresionó
el trabajo de Zwick y que están deseando ver la interpretación
que ha hecho de la historia de su país. "Conoce bien el tema, estamos
realmente sorprendidos", dice el actor, que interpreta a Ujio, el consumado
guerrero y potencial vengador de Algren. "Parece cautivado por el espíritu
del bushido y de esa época, algo que rara vez aparece en las películas
japonesas. Tiene una perspectiva respetuosa pero fresca y espero que esto sea
un nuevo descubrimiento para las películas japonesas".
Sanada, que empezó a actuar y a realizar sus propias acrobacias a los
13 años, ha intervenido en más de 50 películas japonesas,
entre ellas, los populares thrillers de The Ring (El círculo). Famoso
no sólo por sus interpretaciones y por su trabajo de especialista, sino
también por su brillante manejo de la espada, ha dado vida a innumerables
samurais y, por tanto, ha actuado como asesor no oficial de la película,
trabajando con el coordinador de especialistas Nick Powell en la coreografía
de los ejercicios de kendo y las katas, o rutinas rituales, de diversas artes
marciales. Tanto dentro como fuera de la pantalla, actuó como líder
del grupo de samurais de Katsumoto, hombres que Powell eligió cuidadosamente
en Japón.
Como Ujio, el maestro samurai en lucha con espada, Sanada se entrenaba a menudo
con Cruise y lo consideró un digno oponente. "Ujio es el más
tradicional de los samurais de Katsumoto", dice Sanada. "Le disgustan
especialmente los extranjeros, se resiste a la cultura extranjera y odia especialmente
a Algren, que es llevado a su aldea como cautivo. Sin embargo, a través
de la destreza en el manejo de la espada, se establece un vínculo entre
ellos. Como Ujio es el mejor espadachín de la aldea, los duelos entre
Algren y Ujio tenían que ser convincentes, tenían que ser complejos
y peligrosos, por lo que creamos unos números que esperamos que transmitan
eso. Tom fue un gran colaborador y me impresionaron mucho su destreza y su concentración,
así como su buena disposición para probar cualquier cosa que fuese
adecuada para la escena".
Para los restantes papeles significativos se eligió a un grupo de prestigiosos
actores japoneses.
Seizo Fukumoto, que interpreta al "samurai mudo", ha participado en
innumerables películas japonesas de samurais y es conocido por su destreza
en papeles de kirareyaku (un samurai que a menudo muere a manos del héroe),
y pospuso su jubilación para participar en El último samurai.
Masato Harada, que interpreta al intrigante hombre de negocios Omura, defensor
de la modernización y enemigo de los samurais, es un respetado y premiado
director de cine de fama mundial. Shichinosuke Nakamura, que interpreta al joven
emperador, procede de una familia de intérpretes de kabuki y ha interpretado
numerosos papeles en escenarios de todo el mundo. Koyuki, que interpreta a Taka,
la obediente y angustiada hermana de Katsumoto, es una modelo y actriz de éxito
que ha intervenido en varios populares dramas de televisión. Shun Sugata,
que interpreta a Nakao, el leal samurai y maestro de jujitsu, ha intervenido
recientemente en Kill Bill de Quentin Tarantino, tras haber interpretado numerosos
papeles protagonistas en películas japonesas. Shin Koyamada, experto
en kung-fu, hace su debut en el cine en El último samurai en el papel
del hijo de Katsumoto, Nobutada, que se hace amigo del cautivo capitán
Algren en el recinto samurai de su padre. La especialidad concreta de su personaje
es el arco y la flecha, para lo cual practicó durante meses bajo la tutela
de Koji Fuji, otro de los samurais que aparecen en pantalla, pero también
un auténtico maestro arquero y un preparador serio.
Continuando con la vena internacional, los realizadores eligieron al londinense
Timothy Spall para el importante papel del expatriado británico Simon
Graham, que actúa como intérprete de Algren a su llegada a Tokio;
a Billy Connolly, nacido en Glasgow, como el amigo y compañero de armas
de Algren, Zebulon Gant; y a Tony Goldwyn, nacido en California, como el coronel
Bagley, un antiguo oficial de la Guerra de Secesión que busca fortuna
en Japón.
"Tim Spall es una joya", declara Herskovitz. "Su personaje es
demasiado idealista para su propio bien y Tim aporta un humor y una inteligencia
al papel que resulta increíblemente atrayente".
"Como el viaje de Algren es tan personal", dice el guionista John
Logan, "le dimos a los espectadores un interlocutor en el personaje de
Graham, una lente a través de la cual observarlo". De hecho, el
personaje de Spall, Simon Graham, actúa inicialmente como principal conducto
de Algren para todo lo japonés y también actúa, en cierta
medida, como narrador de la historia. Es el expatriado victoriano por excelencia,
vestido con traje y sombrero. Sin embargo, a pesar de todo su atuendo, Spall
lo considera un "auténtico inadaptado".
"Es una de esas personas", explica el actor, "que se encuentran
a menudo en un país extranjero para ellas. Viven allí porque son
unos inadaptados hasta cierto punto en el país del que proceden".
O, dice bromeando, "Puede que sean el tercer hijo de un aristócrata
de poca importancia y nadie sepa qué hacer con ellos. En cualquier caso,
Simon Graham se ha encontrado en Japón adscrito a una misión comercial
británica durante 20 años. Entretanto, ha llegado a apreciar de
verdad la cultura y sabe mejor que nadie cómo está cambiando".
Por su parte, el actor inglés consiguió a dominar fonéticamente
algunas frases de diálogo en japonés, una hazaña a la que
quita importancia con su característico sentido del humor, pero comenta
que lo que más problemas le planteó fue la cámara utilizada
para el hobby de su personaje, la fotografía, una reliquia auténtica
del siglo XIX que el departamento de atrezo encontró en eBay. "Ah,
la cámara", recuerda estremeciéndose. "Ahí es
cuando se pusieron las cosas un poco difíciles - hacer el japonés
y manejar la cámara victoriana de placa al mismo tiempo. Es como frotarte
la cabeza y darte palmaditas en el estómago. No sé como lo conseguí".
Spall añade que, de hecho, varios famosos fotógrafos expatriados
vivieron en Japón durante el período de la Restauración
Meiji y dice que Zwick le condujo hacia uno en concreto. "Ed es el director
mejor informado con el que he trabajado", dice. "No hay un solo aspecto
de esa época que él no conozca. Creo que le dio a todo el mundo
un libro en el que podía estar basado su personaje o influido por él.
El mío era sobre un tipo llamado Lafcadio Hearn, un americano que estuvo
en Japón por esa época, como Graham, y que queda totalmente enganchado
por su cultura".
Billy Connolly interpreta a Zebulon Gant, un personaje al que considera "el
típico suboficial que tiene licencia para ser impertinente con su superior
Algren porque son viejos amigos. Cuando Gant es contratado para entrenar al
moderno ejército de Japón localiza a Algren para que también
participe, porque los dos han intentado adaptarse a la vida civil pero no lo
han conseguido".
A Connolly El último samurai le pareció "una gran historia,
un relato muy heroico", pero fue también su interés personal
en Japón lo que le atrajo del proyecto. "He leído mucho sobre
Japón y he estado allí un par de veces. Me encanta su cultura",
dice, "y creo que Ed y Marshall la han captado perfectamente. Obviamente
tienen un gran respeto por las tradiciones y la sensibilidad que están
representando. Yo siempre había pensado que las historias de samurais
serían un tema apasionante para una película moderna. Creo que
a los espectadores les impresionará la lealtad que los samurais tienen
los unos hacia los otros y la lealtad entre Algren y mi personaje, Gant".
La carrera de Connolly, uno de los humoristas más famosos del Reino Unido,
se ha desarrollado en la televisión y el cine, y ahora está añadiendo
papeles dramáticos (especialmente La flor del mal en 2002) a sus premiadas
interpretaciones de comedia. Herskovitz dice del actor dos veces nominado a
los premios BAFTA, "Billy Connolly es uno de los hombres más divertidos
que he conocido jamás y es un placer observarlo". En lo que respecta
a la elección del actor, dice, "A Ed y a mí siempre nos encantó
ver a Victor McLaglen en las películas de John Ford, todas esas películas
sobre la caballería con John Wayne. McLaglen interpretaba al segundo
oficial. Era un irlandés que interpretaba a un escocés y en parte
como homenaje a eso contratamos a Billy Connolly, un escocés para interpretar
a un irlandés".
Tony Goldwyn, tan memorable en el papel del encantador pero traicionero villano
que persigue al personaje de Demi Moore en Ghost, hace una seria y eficaz interpretación
del coronel Bagley.
Desde el punto de vista de Algren, Bagley es malvado. Algren discrepó
vehementemente con las decisiones de Bagley durante las Guerras Indias norteamericanas
y ahora, cuando está empezando a admirar a los samurais, la lealtad de
Bagley al oportunista hombre de negocios Omura, que se opone a los samurais,
confirma la opinión negativa que tiene Algren de su antiguo compañero
de armas. Para los realizadores, el coronel podría ser menos malvado
de lo que es habitual.
"Ed y yo hablamos de hacer que fuese un hombre muy de su tiempo",
comenta Herskovitz, "porque, de hecho, su actitud era la norma. Algren
está más en sintonía con los indígenas, con los
indios norteamericanos y más tarde con los samurais. Ese tipo de pensamiento
le resulta odioso a Bagley, que es un pragmático y un ambicioso, alguien
que cree sin la menor duda que la civilización occidental es superior.
Cree que los elementos de la cultura norteamericana que contribuye a llevar
a Japón - desde municiones hasta la democracia y un sistema de mercado
libre - son regalos que esta nación atrasada debería aceptar agradecida.
Desde una perspectiva moral y filosófica, Algren y Bagley proceden de
lugares completamente distintos".
"No es un villano de los que hacen restallar el látigo", añade
Zwick. "El racismo de Bagley es innegable pero inconsciente, y totalmente
normal en un hombre de su época, que es una sutileza que Tony logra transmitir.
Es una interpretación muy valiente".
Fue precisamente esa sutileza lo que le atrajo a Goldwyn del papel. "Lo
que me fascina es la ambigüedad moral y por eso a menudo los villanos me
parecen interesantes de interpretar", dice. Hay una zona gris en todo,
en concreto en la guerra. Al tratar de adoptar una cierta doctrina o resolver
un problema percibido, se producen resultados negativos y Bagley personifica
todo eso, lo cual es muy interesante de explorar". A un nivel más
físico, Zwick dice, "también es un excelente jinete, lo cual
fue bueno porque tuve que ponerle en una situación en la que iba montado
a caballo en medio de explosiones y tiros, y lo consiguió".
|
|
La primera producción cinematográfica jamás rodada en el
histórico pueblo de Himeji
Para dar a la película una sensación de tradición y de
cultura japonesa, Zwick comenzó la producción en una pequeña
localidad japonesa llamada Himeji.
El último samurai es la primera película que se rueda en Himeji,
pero el pueblo cuenta con un monumento mucho más impresionante, el monasterio
de Engyoji, el primer escenario de rodaje de la producción, que hizo
las veces de la residencia de campo de Katsumoto y sus leales seguidores. El
lugar, un extenso complejo de elegantes edificios de madera tallada a mano enclavado
en lo alto de la ladera de una montaña y adornado por un bosque de bambú,
olmos chinos y cipreses, era excepcional e impresionante.
"El monasterio de Engyoji se construyó alrededor del año
900", dice Zwick. "Es un lugar sagrado, inicialmente construido para
formar a los monjes y ahora un santuario al que los japoneses acuden en peregrinación.
Los monjes fueron muy amables y corteses al permitirnos fotografiar el templo
y a ellos. Como la película intenta tratar los aspectos más espirituales
de los samurais, era un lugar especial para empezar la producción y sirvió
para que todos apreciasen claramente el espíritu de la película.
No hubiéramos podido reproducir de ninguna manera algo así. Se
siente el pasado en cada trozo de madera, en el olor, en la manera en que incide
la luz, en el modo en que las piedras han sido desgastadas durante más
de mil años por la gente que caminaba sobre ellas y rezaba allí.
Creo que fue importante haber imbuido a la película del espíritu
de ese extraordinario lugar".
"Tener ese primer contacto físico con un lugar histórico
tan impresionante ayudó a todos los miembros del equipo técnico,
tanto japoneses como norteamericanos", comenta Herskovitz, "a comprender
mejor lo que estábamos tratando de conseguir".
El rodaje en el monasterio planteó un reto poco habitual a la compañía.
Debido a su ubicación en la cima del Monte Shosha, los actores y el equipo
técnico se desplazaban por la ladera boscosa por medio de una cabina
suspendida, que era la única alternativa a un sendero muy transitado.
Teniendo un especial cuidado en no dañar de ninguna manera ni alterar
las antiguas estructuras mientras se rodaban interiores, la producción
utilizó pantallas opacas de tamaño natural para que hicieran las
veces de "paredes" si necesitaban cambiar las dimensiones de una habitación
|
|
Recrear la década de 1870 con decorados de época
Una vez finalizado el calendario de rodaje en Japón, la producción
utilizó decorados y exteriores adicionales en Nueva Zelanda y en el complejo
de los Estudios Warner Bros. en Burbank, esforzándose siempre por recrear
el estilo y la atmósfera del Japón de finales de la década
de 1870 de la manera más auténtica posible. La investigación
fue exhaustiva. Empezando meses antes de que comenzase el rodaje, la diseñadora
de producción Lilly Kilvert y su equipo pasaron cientos de horas estudiando
minuciosamente libros, fotos y documentos de los períodos Meiji y anteriores,
y consultando con expertos sobre telas, materiales de construcción e
incluso sobre el tipo de plantas que era probable que adornasen el jardín
delantero de la casa de un samurai.
Casi todos los elementos y decorados de la película fueron hechos a partir
de cero por la producción, desde las casas con tejado de paja de una
aldea rural samurai hasta una moderna y congestionada calle de Tokio; desde
lámparas con pantallas de seda y mosquiteros de papel para las ventanas
hasta banderas de época. Incluso hicieron sus propios árboles
Utilizados principalmente en el jardín de la casa de Katsumoto en Tokio,
en el patio del templo de su residencia en el campo, y para agrandar un bosque
natural que bordea el gran campo de batalla, la producción construyó
más de 150 cerezos individuales. Construidos como troncos de madera sobre
plataformas portátiles, cada árbol tiene grupos de ramas "de
temporada" extraíbles, de modo que se podía ambientar para
primavera, invierno, verano u otoño - cambiando a menudo dentro de un
mismo día de rodaje.
Kilvert, nominada al Oscar por su dirección artística en Leyendas
de pasión, adaptó un decorado que había en los terrenos
de los Estudios Warner Bros. en Burbank - tal vez más conocido como el
estanque de los Walton de la serie de televisión de los años 70
Los Walton, y que también se utilizó para Gilligan's Island -
para crear la residencia de Katsumoto en Tokio. La laguna hecha a medida se
transformó en un estanque para la meditación situado junto a la
casa de Katsumoto pero la propia casa hubo de ser construida en su totalidad,
así como un puente que cruza el estanque y que sirve como camino de tablas
hasta la entrada principal. Si bien no es una réplica de un edificio
concreto, la arquitectura y los materiales estaban basados en el diseño
tradicional y en las dimensiones estándar de una verdadera residencia
samurai o de clase alta.
Este decorado tenía unas ingeniosas plataformas móviles que permitían
un amplio abanico de movimientos de cámara, incluida una montada sobre
una enorme grúa. Al ser el escenario de una importante refriega, la casa
de Katsumoto tenía que ser lo bastante resistente para soportar la acción
y al mismo tiempo poder romperse lo suficiente para mostrar los daños
de manera realista. Como Kilvert reconoce, "Mi trabajo no trata exclusivamente
del diseño, trata de la viabilidad de la situación. "Si prevemos
una secuencia de acción, la planificamos y decidimos que parte del decorado
tiene que ser rompible y que parte tiene que ser más resistente, el número
de tomas que podríamos necesitar y así sucesivamente".
Entretanto, a poca distancia de la residencia de Katsumoto en los terrenos del
estudio, la diseñadora de producción creó una calle de
Tokio del siglo XIX en el famoso decorado de la Calle de Nueva York del estudio,
abarrotada de comerciantes y clientas en kimono intercambiando comida, utensilios
domésticos y telas mientras los visitantes occidentales examinaban sus
mercancías y las visiones más exóticas, como los rickshaws
y las deslumbrantes geishas llevadas en opulentos palanquines. Delicados biombos
y farolas japoneses se mezclaban con nuevos edificios de ladrillo y cables de
telégrafo cruzaban por debajo de banderines de oración, mientras
la sociedad tradicional comenzaba a integrar influencias más modernas
y claramente occidentales.
"Esta zona, que más tarde se conoció como el distrito de
Ginza, tenía que abarcar aproximadamente un año de cambio, de
1876 a 1877", explica Kilvert. "Japón estaba experimentando
una enorme transformación en esa época, al tiempo que todas las
naciones europeas llegaban para establecerse en lo que suponían que sería
un mercado lucrativo. Todo el mundo estaba allí - los ingleses, los franceses,
los españoles, los alemanes - se oían muchos idiomas, y nosotros
reflejamos eso en los carteles de los edificios". A menudo, eso significaba
ver la palabra "Tokio" escrita erróneamente en las fachadas
de las tiendas, algo que Kilvert reprodujo fielmente.
Kilvert añade que los edificios de estilo japonés aún predominaban
la calle de Tokio porque "la arquitectura cambió más despacio,
como suele hacer", pero que la construcción en ladrillo rojo de
estilo occidental estaba siendo cada vez más habitual. "Incluso
ahora, si vas al distrito de Ginza en Tokio, puedes ver los restos de aquellos
edificios. Más tarde, descubrieron que este material no era en absoluto
adecuado para el clima, pero durante un tiempo fueron el último grito".
La mayoría de los edificios del plató eran "añadidos",
fachadas insertadas en la estructura existente de la calle de Nueva York, hechas
básicamente de materiales contemporáneos resistentes como madera
y losas de fibra de vidrio. Sin embargo, las puertas, los biombos, los faroles,
además de algunas de las cajas, arcones y cestos, eran todas antigüedades
japonesas encontradas en Los Angeles y en Japón.
Kilvert también participó en la expedición de localización
de exteriores, que finalmente descubrió una apartada granja de vacas
y ovejas de unas 100 hectáreas en New Plymouth, Nueva Zelanda, en la
que construir la autosuficiente aldea samurai del siglo XIX que aparece en la
película. A continuación se reunió un equipo de 200 personas,
entre las que había carpinteros locales, para crear un total de 25 estructuras
totalmente nuevas, así como cercas, cancelas y corrales para los animales.
"En general", como recuerda Kilvert, "en medio de una lluvia
torrencial".
Para poder conseguir tomas reveladoras el equipo técnico cortó
horizontalmente las laderas circundantes y construyó a varios niveles,
moviéndose hacia arriba en lugar de hacia afuera y dando profundidad.
La madera era llevada en helicóptero; se cortaba paja en un valle cercano
y se ataba a mano; y se plantaron cultivos. Se tiñeron telas y se convirtieron
en una serie de grandes banderas que identificarían la aldea por su nombre
de clan samurai. Con la excepción de un pequeño número
de objetos de atrezo y linternas importados de Japón, todos los elementos
de la aldea final fueron hechos por el equipo técnico, utilizando recursos
locales.
Empezando cinco meses antes de la llegada de las cámaras, la encargada
de paisajismo Stephanie Waldron y su equipo tuvieron que hacer frente al duro
terreno para hacer arrozales y plantar árboles y cultivos.
Kilvert diseñó su aldea con la precisión y el pragmatismo
de un urbanista. "Teníamos el edificio de un alfarero con el horno
para cocer, la casa de una tejedora, un fabricante de cestos, y - al ser una
aldea samurai - un espadero y un santuario en el que, entre otras cosas, se
bendecían las hojas de las espadas", cuenta. "También
teníamos un sistema de noria y cisterna, porque en esa época los
japoneses tenían unos métodos avanzados de reparto del agua y
de riego. Fundamentalmente, diseñamos la aldea basándonos en el
tipo de gente y de ocupaciones que habrían existido entonces". Con
la excepción de la casa de Taka, todas las estructuras de la aldea eran
estructuras vacías y de ese modo servían como alojamiento eficaz
para las cámaras y el equipo de iluminación y sonido.
Una vez terminada esa enorme tarea, el equipo técnico duplicó
su trabajo en varios platós, para permitir al director poder rodar en
interiores y en exteriores.
Nueva Zelanda también proporcionó el escenario para la culminante
escena de la batalla de la película - pero sólo después
de que la producción redujese una colina adyacente en aproximadamente
15 metros de altura y 120 de anchura para crear un campo más amplio.
Se trajeron árboles, tanto reales como artificiales, para complementar
el bosque de fondo y se hicieron banderas de batalla que llevaban los nombres
de los clanes samurais. Un equipo de 25 jardineros estuvo disponible durante
el rodaje para reparar los daños que sufría el paisaje causados
por los caballos, los hombres y la artillería simulada después
de cada toma importante.
"Lo que Lilly ha hecho en tres continentes es increíble", reconoce
Herskovitz. "Recrear el Japón de época en los terrenos del
estudio, construir toda una aldea en la cima de una montaña - es como
ir a la guerra. Estábamos moviendo ejércitos y material a una
escala colosal para una compañía que estaba haciendo una película".
Kilvert intentó ser lo más fiel posible a la época y se
esforzó en representar la autenticidad histórica dentro del contexto
de la historia. "Lo más difícil que tuvimos que hacer al
diseñar esta película fue encontrar una manera de hacer honor
a las reglas de la arquitectura japonesa y al mismo tiempo encontrar el modo
de que se pudiese fotografiar", dice. "Gran parte de ello está
diseñado de una manera muy precisa. La longitud de la estera de un tatami
y la altura de un biombo shoji son medidas concretas. Al final, tuvimos que
incumplir algunas de sus especificaciones. En general, traté de reunir
los elementos esenciales y crear una sensación auténtica de una
época concreta".
|
|
Una profusión de trajes de la era Meiji contribuyen a marcar la pauta
Además de los decorados, un vestuario auténtico contribuyó
a plasmar el mundo del Japón Meiji en la pantalla y esa responsabilidad
recayó en la diseñadora de vestuario Ngila Dickson.
Encargándose simultáneamente de equipos en Japón, Los Angeles
y su Nueva Zelanda natal, Dickson supervisó la creación de cientos
de trajes hechos exclusivamente para la película, basándose en
fotos y documentos históricos, y en entrevistas con especialistas en
la época. Sus investigaciones revelaron detalles esenciales sobre el
método de hacer a mano las armaduras para la batalla de los samurais
hasta el significado cultural del color, la calidad de las telas, el tamaño
del estampado y la longitud de la manga de un kimono.
Dickson, cuyos diseños consiguieron un premio BAFTA y un Saturn por El
señor de los anillos: Las dos torres y una nominación al Oscar
por El señor de los anillos: La comunidad del anillo, organizó
la hercúlea tarea como un general supervisando a un ejército,
una estrategia que inició mientras trabajaba en las películas
de El señor de los anillos. "Puse un coordinador a cargo de cada
área - las escenas de la aldea, las armaduras de los samurais, el ejército
imperial, y así sucesivamente", explica. "Eso significaba que
podía compartimentar y saber que cada uno de esos jefes de equipo trabajaría
en su especialidad".
Dickson se planteó el drama épico de los samurais con un gran
cuidado por la exactitud, pero pronto descubrió que gran parte de sus
referencias históricas eran subjetivas.
"Lo primero que hicimos fue buscar todas las referencias fotográficas
posibles de la época y acumulamos una enorme cantidad de imágenes",
dice. "Cuando profundizamos más, nos dimos cuenta de que muchas
de aquellas imágenes estaban arregladas y que los fotógrafos se
habían tomado bastantes licencias. Descubrimos que en algunos casos utilizaban
a las prostitutas locales y las vestían de manera elegante. Así
que, lo que al principio pensamos que era una enorme referencia histórica,
tuvimos que examinarlo a fondo y volver a evaluarlo. Al final, entrevistamos
a historiadores expertos tanto en Estados Unidos como en Japón y luego
cotejamos su material. Finalmente volvimos a examinar las fotografías
y comenzamos a desentrañar la verdad".
Una vez que Dickson se sintió a gusto con el conjunto de imágenes
comenzó a hacer el vestuario. Como los talleres de vestuario no tienen
en stock un inmenso número de kimonos de la época Meiji ni de
armaduras samurais, su equipo compró la materia prima y creó lo
que necesitaban. "Una vez que establecimos los elementos para los kimonos
empezamos a hacer los nuestros", explica. "Teníamos a gente
haciendo serigrafías para que las rayas fuesen correctas y tiñendo
las telas para reproducir el color de la época. Empezamos con un estilo
básico y luego trabajamos a partir de él. Para mí, ésa
es una buena manera de lograr que el vestuario consiga transmitir el aspecto
de época".
"Soy muy buena en lo que respecta a elegir el color adecuado", admite
la diseñadora. "La mayoría de la gente piensa que los trajes
japoneses son bastante vistosos mientras que yo he utilizado colores cálidos,
oscuros y apagados, que son correctos para el período Meiji. Yo utilizo
los colores brillantes de manera muy esporádica, para elementos concretos,
como una geisha. Como sucede con todas las películas, tratamos de distinguir
a un personaje de otro con selecciones de vestuario. El personaje de Ken Watanabe,
el jefe samurai Katsumoto, trata de la pureza y la fuerza, y personifica una
especie de cualidad zen, por lo que aparece básicamente con azules intensos
y tonos terrosos.
"Del mismo modo, Taka está asociada al principio con tonos muy oscuros",
continúa diciendo. "Taka es un personaje sutil y complejo, una mujer
cuyo marido ha muerto en la batalla a manos del hombre que ahora ella está
cuidando para que recobre la salud. Empezamos con una gama de colores muy intensos
y oscuros para ella, con vestidos lo más sencillos posibles. A medida
que avanza la historia, los colores de Taka se hacen más claros cuando
empieza a abrirse y a cambiar con la influencia del capitán Algren. Por
supuesto, la ropa de esa época era muy restrictiva por lo que su vestuario
no puede ser nunca de colores muy vivos; la progresión es sutil".
Dickson encontró abundantes recursos en Japón y, como es lógico,
gran parte del vestuario se hizo allí. "Nos dimos cuenta de que
merecía la pena ir a los mercados locales porque lo que los turistas
compran en ellos no era para nada lo que nosotros estábamos buscando
y tuvimos una respuesta muy cálida parte de los vendedores", recuerda.
"¡No se podían creer lo que estábamos comprando! Encontramos
muchas telas originales todavía en rollos. Aunque eran frágiles
y viejas nos proporcionaron otra fuente de inspiración. Curiosamente,
el estilo de adornar los kimonos de los años 30 en Japón tenía
similitudes con el del período Meiji, por lo que pudimos adaptar también
parte de ese material. Todos los trajes de los protagonistas se hicieron en
Japón. Yo los diseñé, y luego se enviaron a Japón
para hacer las muestras de tela y coserlos mano, que es la manera tradicional
de hacer kimonos, haori [la media chaqueta que se lleva sobre un kimono de hombre]
y hakama [pantalón con pliegues y holgado]".
Gracias a una increíble buena suerte, Dickson encontró a dos personas
en Japón que se convirtieron en una parte importante del equipo de vestuario
y "que contribuyeron a mantenernos fieles", dice. "Akira Fukuda,
un prestigioso diseñador de vestuario en Japón que trabajó
con Kurosawa, se unió a nuestro departamento, y consultamos a Sengoku
Sensai, el maestro de vestuario y costumbres de la corte de la familia imperial
de Japón. Si los trajes imperiales de la película parecen auténticos,
es gracias a los profundos conocimientos de estos dos hombres".
Senguko incluso se ofreció a que su escuela, la Escuela Takakura, Instituto
de Cultura de la Corte, hiciese dos trajes para una escena clave de la película:
uno para el emperador Meiji, en el que él y Dickson colaboraron, ya que
no era una prenda que el emperador habría llevado jamás en público,
y otro para Katsumoto, que se hizo según un diseño de Dickson.
El propio emperador estaba sujeto a unas directrices específicas en lo
que respecta a su vestuario, ya fuese formal o informal, y por eso el estilo
de su traje podía indicar de un vistazo la naturaleza o el tono de una
reunión concreta. En esta escena, recibe a Katsumoto con un kimono de
seda blanco y un hakama rojo, una prenda informal que sugiere el grado de intimidad
que existe entre estos dos hombres al margen de sus actuales diferencias.
Sabiendo que el crisantemo es un símbolo de la familia imperial, Dickson
también se aseguró de que un emblema con un crisantemo adornase
las mangas de los, por lo demás, utilitarios uniformes de la Real Guardia
del emperador.
Como veterano de la Guerra de Secesión, Algren aparece por primera vez
llevando el uniforme azul de la Unión. Dickson también hizo para
él un abrigo de cuero largo de color marrón chocolate con un distintivo
toque occidental, que reflejaba el tiempo que pasó en la campaña
contra los indios. El abrigo, aunque no era ligero, era flexible y suficientemente
amplio para moverse con su cuerpo cuando una escena le exigía luchar.
"Tom es un actor muy físico", comenta, "y para él
era muy importante sentirse lo más cómodo posible. El uniforme
de la Guerra de Secesión no planteó ningún problema; ya
estaba diseñado para luchar. En lo que respecta al abrigo de cuero, necesitábamos
algo que le permitiese viajar desde la Guerra de Secesión, pasando por
la campaña contra los indios y luego en Japón, y que también
se ajustase a su carácter y a su historia. Yo no quería para nada
una de esas chaquetas estilo Custer. Al final acabamos con una gamuza de color
caoba, muy desgastada y envejecida, como si hubiese sobrevivido a muchas cosas.
Desde el momento en que Tom se la puso, fue difícil imaginarlo sin ella.
La ventaja adicional, que descubrimos cuando empezaron los ensayos, es que tenía
una gran flexibilidad".
Dickson también vistió a los samurais para la batalla, empezando
con una visita a armerías y museos japoneses. No podíamos alquilar
armaduras samurais porque se destruirían durante el rodaje, lo cual supuso
que tuvimos que hacerlas nosotros mismos. Aprendimos los complicados detalles
que supone hacer una auténtica armadura samurai - cómo estaba
cosida y atada", confiesa, "y construimos la piezas en Nueva Zelanda".
El proceso de producir 250 armaduras comenzó montando primero las numerosas
piezas individuales. Se empleó a joyeros para crear placas prototipo
en cobre, que luego se reproducían en un metal más blando y se
unían sobre un modelo para comprobar la forma y los pliegues, y al final
se moldeaban y se esculpían en eurothane. De manera similar, unos herreros
crearon los modelos para los cascos. Los joyeros también aplicaron su
destreza a la multitud de detalles característicos de la armadura samurai,
como discos decorativos y símbolos, filigranas, arandelas y remaches
en forma de crisantemo y otras flores, porque la destreza de los samurais era
como la de los joyeros - muy buena calidad y abundancia de detalles.
Reproducir la cota de malla para los trajes de los protagonistas supuso otro
reto, que al final se solucionó poniéndose en contacto con fabricantes
de muelles que proveen a las industrias. A continuación, unos entregados
trabajadores, armados con alicates, pasaron aproximadamente tres meses convirtiendo
los eslabones en anillos adecuados de 4 o 6 milímetros. Para los figurantes,
se consiguieron en la India planchas de cota de malla y se cortaron a medida.
Una vez conseguida, para unir la cota de malla a la tela había que coserla
a mano. También fue necesaria mucha mano de obra para los cuellos de
los trajes, hechos de una base de tela con placas metálicas hexagonales
unidas mediante una capa de seda, que tenía que ser de una determinada
calidad para acomodar un grueso cordón, y luego coserlos a mano con un
dibujo de nido de abeja alrededor de cada placa. Se tardaron unas 30 horas en
hacer cada cuello.
Finalmente, después de hacer los agujeros y unir los diversos paneles
de la armadura, y después de lacarlas varias veces para conseguir el
color adecuado, los trabajadores desconchaban y rayaban cuidadosamente las placas
para dejar al descubierto las capas que había debajo y dar a cada pieza
una historia, de modo que no pareciesen recién hechas.
Diseñada originalmente para conseguir flexibilidad, con paneles que se
mueven con el cuerpo, la armadura samurai requería muy pocas modificaciones
para la acción en pantalla y Dickson pudo hacer que los trajes de los
héroes fueran cómodos para las acrobacias sin comprometer la antigüedad
visual.
Aunque, desde el punto de vista histórico, las armaduras podrían
haber sido más vistosas, Dickson suavizó los tonos para que fueran
coherentes con la gama de colores de la película, explicando que, "Tradicionalmente,
las armaduras de los samurais eran individuales y tenían su propia idiosincrasia.
Tratamos de incorporar los elementos que mejor se ajustasen a cada personaje.
Por ejemplo, el traje de batalla de Katsumoto, un armazón exterior negro
sobre un kimono negro, dorado y gris con bordados muy elaborados y con un dibujo
de flores de su valle natal, es el más detallado y elegante, expresando
su estatura como líder. Es importante que la armadura de Katsumoto parezca
antigua porque ésa es su elección. En realidad, ni él ni
sus hombres llevarían armaduras samurais durante ese período.
Pero, al rechazar las costumbres modernas, ha vuelto al pasado y se ha puesto
ese antiguo informe como una declaración deliberada. Quitamos el color
basándonos en el punto de vista de que este grupo de samurais decide
llevar las armaduras de sus antepasados".
El equipo de Dickson, integrado por 80 miembros, trabajó a lo largo de
un período de 14 meses para satisfacer las necesidades de vestuario de
la película. "En total", dice, "se hicieron más
de 2.000 trajes, para cubrir escenas tan diversas como la Convención
de San Francisco, el Ejército Imperial japonés y los samurais
en el campo de batalla, la vida en la aldea, flashbacks de las Guerras Indias
norteamericanas y escenas de calles japonesas". Hace una pausa para sopesar
el número antes de concluir diciendo, "Nos salían los trajes
de las orejas".
|
|
Reclutar, preparar, armar y mover tropas
La compañía se trasladó a New Plymouth, Nueva Zelanda,
en enero de 2003, después de que, tras una búsqueda de exteriores
por todo el mundo, se decidiera que éste era el mejor escenario para
reproducir ciertas vistas japonesas del siglo XIX.
"La estética es una parte muy importante de la cultura, especialmente
la estética natural, la tierra", dice Zwick. "Una de las grandes
tragedias es que actualmente hay en Japón mucho menos campo abierto.
Muchos japoneses vienen a Nueva Zelanda por su belleza". Mencionando la
similitud de la topografía de los dos países, añade, "Como
es una isla volcánica no muy diferente de Japón, esperábamos
plasmar aquí esa estética de una época anterior. El Japón
que creamos es imaginario por el hecho de que ya no existe, pero creo que nos
acercamos todo lo que pudimos".
La magnitud de la producción fue enorme. En la película aparecían
entre 300 y 600 extras japoneses en un día cualquiera y se empleó
a 400 neozelandeses para todos los departamentos, desde vestuario y construcción
hasta decoración y cámara. El resto de los 200-300 miembros del
equipo técnico procedía de los Estados Unidos, Inglaterra, Australia
y, por supuesto, Japón - en casi todos los departamentos había
al menos un representante japonés como parte del equipo de trabajo y/o
como traductor. Los días en los que había escenas con grandes
cantidades de extras, el equipo de rodaje ascendía aproximadamente a
1.000 personas y el trabajo empezaba a las tres de la madrugada para gran parte
del personal de peluquería, maquillaje y vestuario, que realizaban todos
los esculturales peinados, ataban los kimonos, los hakama y los haori al estilo
tradicional japonés y colocaban las armaduras.
Ese aluvión de gente y material era una experiencia nueva para New Plymouth,
donde la industria turística está dirigida en gran medida a surfistas,
mochileros y entusiastas de la vida al aire libre dispuestos a hacer frente
al Monte Taranaki en el Parque Nacional de Egmont o a disfrutar de las tranquilas
playas del Mar de Tasmania. El diario local Daily News asignó un reportero
para seguir el rodaje y una emisora de radio ofreció una "recompensa"
de 5.000 dólares a quien pudiera conseguir una entrevista en directo
con Cruise. El concurso acabó bien cuando el propio Cruise llamó
después de un rodaje nocturno y dobló el importe del premio con
la condición de que la suma total fuese donada a un colegio local.
En su búsqueda de extras para hacer las veces de los leales samurais
de Katsumoto, el departamento de casting encontró a 75 residentes japoneses
de Auckland, a cinco horas en coche de New Plymouth. Además, el coordinador
de especialistas Nick Powell seleccionó cuidadosamente a un grupo de
actores japoneses novatos para que fueran sus samurais "básicos".
Ninguno de ellos era especialista profesional y sólo dos sabían
montar a caballo, pero todos eran atléticos y entusiastas. Después
de dos semanas de riguroso entrenamiento, demostraron lo que valían,
disparando flechas y participando en complicados ejercicios de kendo como si
fuesen expertos y, en una demostración especialmente impresionante, montando
a caballo a toda velocidad colina abajo mientras disparaban flechas sin las
manos en las riendas.
A continuación, la producción dotó de personal al Ejército
Imperial japonés contratando a unos 600 extras en Japón y haciéndoles
pasar por un campamento de entrenamiento de reclutas para convertirlos en una
fuerza militar creíble. Aprendieron a marchar y a entrenarse, a manejar
y disparar un rifle, a atacar, a parar y a clavar una espada, a trabajar con
arcos y flechas, y a realizar combates "de película" mano a
mano.
"Su dedicación y motivación me impresionaron realmente",
dice el asesor militar de la película Jim Deaver. "Eran gente de
todas las profesiones y condiciones sociales. Unos eran actores, otros tenderos,
conductores o estudiantes universitarios, pero todos ellos estaban dispuestos
a aprender, a representar a su cultura y a su país y, en gran medida,
a sus antepasados. Su progreso fue sorprendente, teniendo en cuenta que empezaron
sabiendo muy poco inglés y pronto aprendieron a responder órdenes
en inglés y japonés, a pasar de una escaramuza a la formación
de pelotón y a marchar sobre un camino de tierra". Todo eso ocurrió
bajo el calor del verano, con el sol cayendo implacable sobre los terrenos del
Campo de Rugby de Clifton. Un día normal empezaba a las ocho de la mañana
y a lo largo de diez horas podía haber ensayos de tiro con arco, instrucción
con armas de fuego, entrenamiento con espada y una explicación del bushido.
"De lo que puedo estar más orgulloso", continúa diciendo
Zwick, "es de que nadie resultó herido", lo cual es siempre
algo a tener en cuenta cuando se ruedan escenas de acción de esta magnitud,
incluso cuando se cumplen todas las precauciones de seguridad. "Tampoco
ninguno de los caballos resultó herido - ni un tobillo torcido, nada.
Eran unos animales extraordinarios, muy bien adiestrados y queridos por todos".
Los 50 caballos fueron comprados por la compañía de producción
en Nueva Zelanda y adiestrados por un equipo internacional de instructores bajo
la dirección del experto en caballos Peter White cuatro meses antes del
rodaje, bajo la supervisión de un veterinario con dedicación exclusiva
y un representante de la sección local de la American Humane Association,
Unidad de Cine y Televisión. Basándose en la habilidad y el temperamento
individuales, los actores equinos fueron clasificados por White como "caballos
de actor, caballos de especialistas o caballos de fondo". Cuando terminaron
las escenas de batalla, la mitad de los caballos volvieron a sus anteriores
propietarios. Otros se quedaron con los preparadores locales que habían
trabajado como sus adiestradores y que les habían cogido cariño
durante la producción, o fueron vendidos a residentes del área
de New Plymouth que White y su equipo creían que les proporcionarían
un buen hogar.
En compañía de sus adiestradores y de los actores que los montarían,
los animales, ninguno de los cuales había trabajado antes en una película,
fueron condicionados para que se tomaran con calma los efectos de sonido como
los disparos y las explosiones, y los pocos que tenían que caer en la
batalla aprendieron a hacerlo de manera que no resultasen heridos. Además,
confirma Zwick, "se cavaron hoyos en el falso campo de batalla, rellenos
de guata, mantillo blando y heno y cubiertos con hierba para que, cuando un
caballo se cayese en el momento justo, tuviese una cama suave y agradable en
la que caer".
Del mismo modo que practicaron los caballos, así lo hicieron sus jinetes.
White señala a Tom Cruise y Tony Goldwyn como los dos únicos jinetes
expertos del grupo y estima que otros 6 u 8 jinetes tenían alguna experiencia,
pero que ninguno de ellos había montado en las condiciones de ajetreo,
ruido y multitudes exigidas por la película. En dos meses, incorporando
esta intensiva preparación en sus calendarios ya repletos, estos hombres
aprendieron lo bastante sobre habilidad en el manejo de caballos para cabalgar
con confianza por los campos de batalla de Zwick.
Para complementar la acción, el supervisor de efectos visuales Jeffrey
A. Okun (Stargate, Deep Blue Sea) utilizó imágenes generadas por
ordenador para añadir una lluvia de flechas virtuales y alguna que otra
bola de fuego a las frenéticas escenas de batalla. Okun dice, "Muchas
veces los samurais tienen que montar a caballo al tiempo que disparan flechas
contra una multitud de cientos de personas, y utilizar flechas reales supondría
un riesgo demasiado grande para la seguridad, así que ahí es donde
poníamos las imágenes generadas por ordenador. Asimismo, si ves
que una flecha alcanza a un caballo, eso no será real". Okun, que
mantiene que los efectos visuales más eficaces son los que resultan imperceptibles,
dice que las imágenes generadas por ordenador y las técnicas de
pantalla verde también tuvieron un papel fundamental en una escena en
la que el samurai Ujio decapita a un hombre en una calle de Tokio.
La producción adoptó la forma de un evento militar. Bajo el mando
del "general" de la producción, el director de producción
de la unidad Kevin de la Noy (Salvar al soldado Ryan, Braveheart), los storyboards
de lo que se conoció como la batalla en la niebla y la batalla final
se convirtieron en planes de batalla detallados y estratégicos. "Tanto
la batalla en la niebla como la final tratan sobre estrategia e ingenuidad",
dice Zwick. "Cualquier realizador que vaya a asumir ese tipo de escenas
debería estudiar a Kurosawa y, de hecho, yo volví a ver Ran antes
de rodar Tiempos de gloria. Pero, en última instancia, nuestras batallas
son exclusivas de esta película y están motivadas concretamente
por las situaciones a las que se enfrentan los samurais y el Ejército
Imperial. Tuvimos que tener en cuenta cómo guerreros tradicionales como
los samurais, sin armas de fuego, tratarían de derrotar a una fuerza
moderna con armas modernas".
Tal como señala el director, cuando los samurais surgen de un bosque
cubierto de neblina, lanzándose sobre el mal preparado Ejército
Imperial como fantasmagóricos demonios, "la idea era que los samurais
utilizasen el amparo de la niebla como elemento sorpresa, permitiéndoles
atacar de manera rápida y repentina, a discreción. También
está la ventaja psicológica de utilizar el bosque y la niebla
como refugio, de modo que cuando escogiesen el momento de atacar aparecerían
como salidos de la nada, con sus antiguas y aterradoras armaduras, con sus legendarias
y mortíferas armas".
Zwick basó esta táctica y las que empleó en la batalla
final en varias fuentes históricas, incluida la del famoso maestro samurai
y profesor de artes marciales Miyamoto Musashi, al que se le atribuye la invención
y el perfeccionamiento de la técnica de lucha con dos espadas y que escribió
The Book of Five Rings, un manual espiritual y técnico impreso en 1645.
Citando a Musashi: "Hay tres tipos de anticipación (marcial). Uno
es cuando te adelantas atacando a un oponente por propia iniciativa; eso se
llama anticipación desde un estado de suspensión. Otro es cuando
te adelantas a un oponente que hace un ataque contra ti; eso se llama anticipación
desde un estado de espera. Y el otro es cuando tú y un oponente os atacáis
simultáneamente; eso se llama anticipación desde un estado de
confrontación mutua".
De los tres, la batalla en la niebla ejemplifica la "anticipación
desde un estado de suspensión", tal como lo define el antiguo maestro:
"Cuando quieres atacar, permaneces tranquilo y callado, y luego saltas
sobre tu oponente atacando de manera repentina y rápida". La batalla
final ilustra la segunda máxima de Musashi, la anticipación desde
un estado de espera.
La batalla en la niebla tiene lugar cerca del lago Mangamahoe, un parque público
conocido por sus senderos para excursionismo y sus zonas de pesca, y la batalla
final, que se tardó dos meses en completar, se rodó en una granja,
con extensos campos cubiertos de hierba flanqueados de bosques que proporcionaban
el escenario perfecto para varios aspectos de la acción. La producción
hizo caminos de tierra para transportar al personal y al equipo a lo largo de
rutas especiales codificadas con colores y designadas antes del comienzo del
rodaje. Una zona se convirtió en el campamento base, otra era el lugar
para los caballos y otra era donde los intérpretes de los samurais y
de los miembros del Ejército Imperial se vestían y recibían
sus armas. Como en la guerra real, se trazaron mapas y se asignaron posiciones
- los samurais aquí, el Ejército Imperial por debajo.
Cuando inspeccionó su campo de batalla por primera vez, Zwick se quedó
momentáneamente sobrecogido. "Una cosa es planear e imaginar lo
que quieres en una película, pero cuando realmente llegas e inspeccionas
la escena hay un momento en que te dices '¡Oh Dios mío, ¿en
qué estaba pensando?!'", admite el director con buen humor. "Hay
que reconocer que si no hubiésemos hecho tantos preparativos en los primeros
estadios, nunca hubiésemos sido capaces de hacer esta película
porque allí, en medio de todo aquello, teníamos muy poco tiempo
para hablar con 700 hombres marchando sobre una colina y con explosiones por
todas partes".
Para las escenas de acción fueron necesarias una enorme cantidad de armas,
compuestas de espadas y flechas de samurai tradicionales y armas de fuego de
alrededor de principios del siglo XIX, meticulosamente restauradas por la producción.
El jefe de atrezo Dave Gulick contó con fuentes japonesas para asegurar
la adecuada utilización de los diversos tipos de espadas, que fue bastante
específica, hasta el modo en que se ataban las vainas y el modo en que
una determinada espada se llevaría de manera diferente en la batalla
o en la calle. El equipo de Gulick compró varias espadas de gran calidad
a un espadero de Japón como muestras para las piezas que se hicieron
para la película, así como falsas espadas de la famosa casa de
atrezo Kozu de Kioto y de los Estudios Shogiko, la compañía cinematográfica
famosa por sus películas de samurais.
Entretanto, el coordinador de armas Robert "Rock" Galotti y su equipo
localizaron rifles y pistolas de época pertenecientes a coleccionistas
privados y fuentes de todo el mundo, y luego las restauraron - un proceso que
incluye quitar el acabado de las antigüedades y "volver a broncearlas"
para darles su tono original, así como tallar nuevas culatas de madera,
cada una ligeramente distinta puesto que las pistolas habían sido hechas
antes de la época de las normas de fabricación. Una de las armas
que lleva Cruise en su pistolera en la película es un auténtico
revólver Navy de 1851, una pistola llamada de pistón y bala, que
se habría utilizado en la guerra civil.
Para captar todos los elementos, Zwick y el director de fotografía John
Toll, nominado al Oscar, utilizaban habitualmente múltiples cámaras.
Tal vez su montaje favorito fuese la cámara sujetada a una grúa,
y Toll utilizó todo tipo de ellas - una grúa Libra, la Chapman
y la de jirafa y un increíble y descomunal montaje conocido como el UFO
(OVNI). El elegante balanceo y el alcance de estas diversas grúas y cámaras
añadía un movimiento elegante y clásico a las tomas, al
tiempo que revelaba la amplitud del paisaje y la emoción del drama. En
la batalla final, Toll utilizó también una lente más larga
y diferentes velocidades de cámara para captar el valor y la emoción
de los individuos que luchaban por el "nuevo" Japón y los que
defendían el viejo.
Al final, estos enemigos comparten el respeto por su pasado común y agonizante,
a pesar de la violencia que sigue; y esta aparente paradoja es la base de lo
que Zwick llama el "lenguaje de la película" de El último
samurai.
"Me parece que todas las películas tienen su lenguaje particular
propio, que normalmente evoluciona durante el transcurso del rodaje. A veces
es una celebración del yin y el yang y eso se manifiesta en imágenes
y movimiento", comenta Zwick, "como en la escena en la que Taka viste
a Algren para la batalla - Algren, el guerrero, por una vez es pasivo mientras
ella le viste, pero ella se arrodilla delante de él en una tradicional
actitud de sumisión. Es una escena de amor, hay un indudable trasfondo
sexual, pero no del modo habitual. La posición de rodillas también
está asociada con la oración. En otra escena Katsumoto, el samurai
por excelencia, aparece postrado delante del Emperador. Hay una manera ritual,
casi amorosa, de manejar una espada; el ejercicio de kendo, un ejercicio marcial,
es también una elegante danza. Todas estas pacíficas expresiones
de respeto y entrega aparecen en una película que también trata
de la violencia y la muerte. Hay una gran dualidad, como la hay en la cultura
japonesa. Estos movimientos e ideas recurrentes se convierten en el lenguaje
de la película; no los planeo necesariamente, suceden de manera natural".
|
|
La banda sonora de El último samurai
El compositor Hans Zimmer, ganador de un Premio de la Academia, entreteje los
característicos sonidos de los instrumentos tradicionales japoneses en
su impactante banda sonora original para El último samurai, que supone
su colaboración número 100 para el cine. Añade un toque
de matices culturales a la acción incorporando elementos de shakuhachi
(flautas de bambú), koto (un instrumento de 13 cuerdas similar a una
cítara) y el taiko, literalmente "tambor gordo", utilizado
en Japón en diversos marcos como el cortesano, el religioso, el cultural
y el militar. Los taiko se utilizaban en el campo de batalla desde el siglo
V para comunicar órdenes que se podían oír a través
de grandes distancias.
|
|